En Colonia La Florida, la escuela rural N° 32 crece al ritmo de su comunidad

La escuela de Colonia La Florida está cerca de Chajarí y tiene hoy una matrícula de 55 chicos. La expansión de nuevos barrios llevó más familias a la zona.

Hay escuelas rurales que resisten con pocos alumnos, y también algunas que corren el riesgo de desaparecer, con docentes que recorren kilómetros para llegar a un aula y comunidades que hacen enormes esfuerzos para evitar que sus instituciones cierren. La historia de la Escuela Primaria N° 32 Cabildo Abierto, en Colonia La Florida, ofrece una postal diferente.

A unos 12 kilómetros de Chajarí, sobre la Ruta Provincial N° 1, la institución educativa que funciona hace 91 años sigue recibiendo chicos y, en los últimos tiempos, incluso tuvo que ampliar sus instalaciones y sumar otra aula.

Hoy son 55 los estudiantes que concurren al establecimiento, aunque la matrícula llegó a 70 el año pasado y en otros momentos alcanzó los 80.

Desarrollo habitacional

El cambio se relaciona con el desarrollo habitacional de la zona: en los últimos años se construyeron cuatro barrios que recibieron a familias de Colonia La Florida y de localidades vecinas. “Hace un par de años hicieron cuatro barrios, donde vinieron familias de la zona, tanto de acá de esta colonia como colonias vecinas. Entonces se fue poblando”, explicó María Elena Zampedri, docente de la escuela.

La llegada de nuevas familias modificó la fisonomía de una colonia cuya actividad económica está vinculada principalmente con la fruticultura, la agricultura y los aserraderos. El establecimiento educativo, naturalmente, sintió ese cambio. Durante buena parte de su historia, funcionó con dos aulas, y el jardín de infantes ocupaba un espacio que antiguamente había sido destinado a la vivienda de los docentes, como ocurre todavía en muchas escuelas de campo. Pero cuando la cantidad de alumnos comenzó a aumentar, hubo que buscar una solución.

La Cooperadora y la entonces Junta de Gobierno –hoy comuna– pusieron manos a la obra para construir una tercera aula. Para reunir los fondos, se hicieron rifas, venta de locro, productos dulces y distintas actividades a beneficio organizadas por las familias. “De todo se hizo para poder juntar la plata”, recordó Zampedri.

Hace aproximadamente dos años, el nuevo espacio quedó terminado y comenzó a utilizarse. Hoy la institución tiene tres aulas amplias, calefaccionadas y cómodas. También recibió estufas donadas y, más recientemente, una antena que permitió mejorar la conectividad a internet.

Pero el crecimiento no terminó allí. El próximo sueño es construir un salón de usos múltiples. No se trata solamente de sumar metros cuadrados, sino que un espacio de esas características permitiría contar con un lugar de encuentro para distintas actividades y, sobre todo, resolver una situación muy concreta: cuando llueve, el patio deja de ser una opción y todos deben permanecer en las aulas. Publica UNO