Lula da Silva fue reelegido presidente de Brasil con el 51,74% de los votos frente al 48,26% de Flávio Bolsonaro. El mandatario revirtió la derrota de la primera vuelta y consiguió un cuarto mandato, un hecho inédito en la historia del país.
Lula da Silva ganó el balotaje en Brasil este domingo 25 de octubre y consiguió su reelección presidencial después de revertir el resultado adverso de la primera vuelta. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) obtuvo el 51,74% de los votos válidos, frente al 48,26% de Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), y alcanzó un histórico cuarto mandato no consecutivo.
La victoria fue confirmada cuando el escrutinio alcanzó el 97,69% de las secciones electorales. De esta manera, Lula, de 80 años, logró un resultado inédito desde el regreso de las elecciones presidenciales directas en 1989: convertirse en presidente después de haber terminado segundo en la primera vuelta.
En los comicios del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había obtenido el 47,03% de los sufragios, mientras que Lula alcanzó el 45,16%. La diferencia sorprendió al oficialismo, que reorganizó su campaña para captar nuevos apoyos durante las tres semanas previas al balotaje.

Una remontada histórica en las elecciones de Brasil
El mandatario participó en su séptima elección presidencial y consiguió un resultado que modificó un antecedente histórico de la política brasileña. Desde 1989, todos los candidatos que habían encabezado la primera vuelta terminaron ganando la presidencia.
Después de conocer los resultados iniciales, Lula reconoció que la diferencia lo había sorprendido, aunque manifestó su confianza en revertirla. Durante la segunda etapa de la campaña, el PT intensificó la movilización de sus simpatizantes y concentró sus propuestas en las políticas sociales, la inversión pública y la protección ambiental.
El presidente también presentó la elección como una defensa de la democracia frente al posible regreso de la familia Bolsonaro al poder. Durante la jornada electoral, cuestionó a su adversario y sostuvo que los brasileños debían elegir un país donde los símbolos nacionales fueran respetados.
