«Va a sobrar fruta si no se reactivan los mercados», dijo Pablo Molo de Fecier

Es una historia repetida, pero no por eso pierde importancia. La diferencia en el precio del citrus en origen y en el lugar de venta minorista es abismal. ¿Por qué tanta diferencia?, ¿es razonable?. Pero además, la situación de la citricultura es muy complicada por costos, mucha producción en relación a la demanda, precios de la industrialización que no siempre son satisfactorios y exportación decaída, presión tributaria alta, para mencionar algunos puntos negativos que la realidad impone.

Entidades como la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), indica que los cítricos integran el grupo de productos con mayor distorsión entre el origen y el destino, multiplicando el precio original hasta por más de 10 veces.

Pablo Molo, titular de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCiER), dijo que eso es “una discusión de toda la vida”, agregando que “hoy la citricultura pasa por un momento que no escapa a la realidad del país”, por lo que una situación como la expuesta perjudica la comercialización de manera indudable.

Molo dijo que problemas similares a los actuales se vivieron “en otros momentos”. Apuntó además que “hoy hay consumo de citrus, pero hay muchísima producción, por lo que hay sobrante de fruta en las quintas” y enfatizó: “Va a sobrar (fruta) y va a seguir sobrando si no se reactivan los mercados”. Esto hace que el precio para el productor sea menor.

El dirigente citrícola apuntó que en este marco “no siempre conviene vender fruta para la industria”, al tiempo que “la exportación está decaída”, por lo que “se suman factores que llevan a la situación actual”.

Se refirió a otros países productores que “hoy compiten y tienen un menor costo de producción y además los grandes mercados del mundo les quedan más cerca”. Con ellos hay que competir.

En lo atinente a las ventas de naranjas y mandarinas a EE.UU, tema sobre el que mucho se habló en los últimos años, Molo apuntó que “la Cámara de Exportadores está gestionando sobre ese tema”, pero admitió que la exportación a EE.EE “es un comentario de toda la vida y creo que por el momento no estamos muy cerca” de concretarlo.

Finalmente, Molo se refirió a la brecha existente entre lo que cobra el exportador y lo que paga el consumidor. “Hay muchos intermediarios” admitió, pero consideró que pese a ello no se justifica que la brecha sea tan grande.

Precisó que, dependiendo de la variedad, el productor cobra entre 40 y 100 pesos el kilo de fruta. “En Buenos Aires se paga 1.000 pesos el kilo de mandarina criolla, mientras que en la planta, tal vez pagan 15.000 pesos el bins de 330 kilos”, precisó. Como se ve, la diferencia es abismal.

La citricultura es la principal actividad productiva de nuestra región, por el dinero que mueve y la cantidad de puestos de trabajo que necesita directa e indirectamente. Es imprescindible hallar salidas a la problemática. Publica Chajarí al Día